Mayores #indignados. Jóvenes y mayores comparten destino. Sin trabajo no hay pensiones. Con salarios indignos sólo tendremos pensiones de miseria. 20/05/2011
España vive estos días un conato de “alzamiento popular” que reivindica el derecho a tener futuro. No un futuro precario y un presente de subsistencia, sino un futuro que permita a cada cual desarrollar completamente su potencial y que ello permita que la sociedad, en su conjunto, tenga una mejor calidad de vida.
Esta indignación, como reacción a las desigualdades de oportunidades que vemos cada día, debería ser asumida por el conjunto de la ciudadanía. Quizás sí liderada por los jóvenes pero no sólo para los jóvenes, que son los que hoy padecen un 40% de paro, contratos precarios, sueldo mileuristas y dificultad para el acceso a una vivienda digna en la que poder constituir una familia. Esta indignación también debe ser reclamada desde la madurez y la experiencia de los mayores de nuestra sociedad.
Más allá de las duras consecuencias que la actual crisis está teniendo sobre el colectivo de las personas mayores (recordemos, 7,5 millones de pensionistas), con congelaciones de pensiones, encarecimiento de precios de bienes básicos, reducción de la oferta de servicios públicos (dependencia, sanidad),…, condenar a la juventud nos lleva, irremediablemente, a la miseria futura debida a la insostenibilidad del Sistema Público de Pensiones.
Aquí debemos pararnos para reflexionar sobre la afectación que tendrá sobre la Seguridad Social española el mantener altos índices de desocupación, con bajos salarios y escasas cotizaciones sociales.
Recordemos que la Seguridad Social tiene un “esquema piramidal” de financiación: las cotizaciones de los que hoy trabajan sirven para pagar las pensiones de los actuales jubilados. En términos doctrinales, la Seguridad Social es un sistema de reparto, no de capitalización.
Este sistema, recientemente modificado (para alargar la edad de jubilación hasta los 67 años y la de cotización para disminuir las pensiones futuras a cobrar), viene precedido por la congelación de pensiones que hoy vivimos, requiere que exista una correlación cuanto menos igualitaria entre el saldo que se abona en pensiones en relación al saldo de las cotizaciones sociales. A nadie se le escapa que si permitimos que existan elevadas tasas de desocupación y, especialmente, bajos salarios, las cotizaciones sociales no aumentarán en el futuro. Pero, con absoluta certeza (dada la inversión de la pirámide población española y la elevada esperanza de vida que tenemos), el importe total del saldo de pensiones aumentará progresivamente cada año (por aumento de pensionistas, aprox. 1 millón cada año, por importe de la prestación media recibida debido a las cotizaciones altas que realizaron los nuevos pensionistas y la existencia de pensiones no contributivas y complementarias, no prevista su financiación en el esquema inicial de la Seguridad Social).
Así pues, si no reaccionamos a la indignación, nos acercamos, año a año, al colapso de nuestra Seguridad Social que afectará irremediablemente a los mayores actuales y futuros después de una vida de trabajo y sacrificio.
Cuando vean a un joven reivindicar, véanle también como parte indisoluble de su futuro. Que ellos tengan un futuro mejor implicará que usted puede vivir dignamente su vejez. Si él joven no tiene futuro, usted tampoco. No los deje solos. Nosotros nos os dejaremos solos.
Josep Jorge
Director General
JUBILARSE EN CASA SL

